jueves, 6 de septiembre de 2012

La chistera alemana estaba vacía

Ha llegado Angela Merkel a España, a darle otro repasito a Mariano, y se le va a uno inmediatamente la cabeza a Borja, municipio de Zaragoza, donde todavía se repone de su ataque de nervios Cecilia Giménez.
Ángela y Cecilia, Cecilia y Ángela, comparten sin saberlo una afición de consecuencias impredecibles: la restauración de Ecce Homos. Cumbre tras cumbre, pincelada a pincelada, estas dos mujeres se han hecho expertas en dejar al rey de los judíos y al presidente de los españoles, cada uno con su respectiva corona de espinas, hechos talmente un cromo.
Al Mesías genuino y al mesías Popular, ha sido ponerles la mano encima la señora Giménez y la señora Merkel y en pocos meses no los reconoce ni la madre que los parió. Mismamente, no es por establecer odiosas comparaciones, pero el nuevo Jesús del Santuario de Misericordia y el nuevo Mariano del santuario de Moncloa son extrapolables.
O sea, tú cuelgas un retrato actual de Rajoy en la iglesia más célebre de España, lugar de peregrinación, destino turístico de primer orden, y el personal seguiría a su bola, haciéndose fotos para la inmortalidad y la red y absolutamente ajeno al cambiazo.
De tapado de Aznar a criatura de Kafka
Lo que pasa es que el Ecce Homo de Borja por lo menos es recuperable. Le han puesto una orden de alejamiento a Cecilia Giménez, por malos tratos, naturalmente, y los expertos aseguran que pronto quedará sano y salvo.
El problema del Ecce Homo de Moncloa, en cambio, es que Ángela Merkel, la mano que mece la cuna de Europa, puede seguir restaurándolo hasta alcanzar la metamorfosis. O sea, que acabe pareciéndose menos a sí mismo que el infeliz de Gregorio Samsa inmortalizado por Kafka.
Hoy mismo, por ejemplo, la restauradora teutónica le ha dado otra manita de pintura, otro toquecito, y los que te rondaré morena, hasta que al fin llegue ese nefasto día en el que Mariano se ponga frente al espejo, a retocarse la barba, y descubra horrorizado el reflejo de una extraña criatura imposible de reproducir en un cártel electoral.
-"¿Por qué no me avisasteis?"-, reprochará Rajoy a Moragas, a Nadal, a Soraya, a Cospedal y otros cortesanos. -"Porque habrías ordenado que nos cortasen la cabeza"-, susurrarán a coro en ese palacio en el que, llevarle la contraria al Presidente, se ha hecho tan peligroso como llevarle la contraria a Enrique VIII en el siniestro palacio de los Tudor.
De todas formas, con la afición que le ha cogido la señora Merkel a restaurar a distintos y distantes Ecce Homos de Europa, Los Samaras, los Monti, los Passos Coelho, los Rajoy (¡que no se descuide Hollande!), ocurre un poco como con la afición de la señora Giménez a restaurar el dichoso fresco de Borja: que siempre hay gente para todo.
Voces que claman por restaurar la dignidad nacional, y hooligans "enganchados" al garabato, la caricatura y el cachondeo interactivo universal.
La chistera estaba vacía
De la chistera de doña Ángela nunca acaban de salir Euros contantes y sonantes, ni terapias de choque contra la deuda, ni palomas blancas. Una y otra vez, con la sonrisa complaciente y sumisa de su interlocutor de turno, la Canciller anuncia "lo que se va a hacer", los que se está negociando y lo que se puede acordar en un próximo Consejo Europeo (¡siempre el próximo Consejo Europeo, tronco!), que tampoco marcará un punto de inflexión en las constantes vitales de los pacientes mediterráneos.
De nuevo el ¡vuelva usted mañana! como aportación española a la gobernanza de la Comunidad Europea. Una nueva cumbre de paso para repartir entradas para la megacumbre de otoño. Otra sesión de cuentacuentos de la "buena pipa" bajo la apariencia de rueda de prensa. Lo único que ha salido de la chistera de la Canciller alemana son periodistas, teutónicos y cañís, por todas partes, impasibles los ademanes, resignados una vez más a regresar a sus redacciones con las manos vacías.  ¡Eso si es magia!
Todavía hay españoles paralizados frente al canal de 24 horas, con las bocas abiertas, intentando descubrir dónde está el truco: ¿cómo una mujer diciendo tan poco, ¡abracadabra!, es capaz de convocar a tantos chicos de la prensa?
Con razón la cara de Rajoy era un poema. Una réplica de las caras de Monti, de Samaras, de Passos Coelho, cada vez que le han anunciado a bombo y platillo a sus respectivos pueblos que iba venir la versión femenina y teutónica de Mister Marshall.

Ayer, los españoles, azuzados por su gobierno y sesudos analistas económicos, se pasaron la noche de vísperas en vela levantando castillos en el aire. Esta noche, en cambio, se irán a la cama en un país en blanco y negro, como conmovedores extras de Berlanga, con esa amarga sensación de que Miss Merkel ha pasado de largo, con las manos vacías, salvo una tijera de última generación "made in Germany" que depositó gentilmente en la mesa del despacho oval de La Moncloa.

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